Culiacán atraviesa por una de esas semanas donde el aire se siente denso y el luto se vuelve colectivo. Más allá de las frías cifras policíacas, la capital de Sinaloa sufre un golpe seco y doloroso: la violencia parece haberse encarnizado con sus jóvenes, arrebatándoles el futuro a zarpazos.
Informacion indica que un grupo de Sicarios de Los Chapitos recorre las calles de Culiacán para levantar a jóvenes al azar, pero no es casualidad, desde su unión con el CJNG, la muerte de inocentes se ha disparado, recordemos que es el CJNG quien actualmente encabeza la lista de jóvenes levantados al azar en otros estados, quienes son torturados para decir que pertenecían a un grupo contrario y ejecutados, a muchos incluso los reclutan a la fuerza, de no ceder, son ejecutados, quizá es lo que a estos jóvenes les paso.
Lo que se sabe es que los Sicarios de La Chapiza levantan a todo aquel que camine solo de noche, los que cuentan con tatuajes y que visten tipo buchón son sus preferidos, de esa manera muchas personas cuestionan a los muertos solo por el cómo se ven.
Además tenemos que aclarar que las cuentas afines a La Chapiza no se cansan de comentar en cada nota que se sube sobre los muertos inocentes, sobre que estos pertenecían a La Mayiza, claro, siempre sin pruebas, pero si nos leen queremos que les quede claro que no estamos del lado de ni un solo grupo de mugrosos que tanto daño le hace a nuestro país, pero si estamos del lado de la verdad, si la estan cagando, serán publicados dia y noche, hablaremos de quien sea que lo este haciendo, no hay más.
Si Calientan la Plaza (Culiacán) ya no tienen poder ahí.
Apenas la comunidad asimilaba el trágico desenlace de Julio César, el estudiante de Arquitectura de 21 años hallado sin vida tras días de búsqueda, cuando una nueva noticia volvió a helar el corazón de la ciudadanía.
El cuerpo localizado en medio de un aguacero en la zona norte correspondía a Álvaro Octavio Duarte Valencia tenía solamente 22 años y trabajaba en un restaurante de comida japonesa. Detrás de su nombre no hay un expediente más; hay una familia destrozada y una vida llena de sueños interrumpida de tajo.
La pesadilla comenzó la madrugada del jueves 30 de julio, alrededor de las 01:30 horas, cuando Álvaro Octavio fue levantado cerca del Bulevar de las Américas. En ese momento vestía la ropa con la que salía a ganarse el pan: camisa negra y pantalón oscuro.
Tras perder todo contacto, sus seres queridos movieron cielo, mar y tierra. Su rostro inundó las redes sociales en una ficha de localización que describía a un joven alto, de 1.80 metros de estatura, ojos cafés y un característico tatuaje que cubría su brazo izquierdo. Durante horas angustiantes, la familia se aferró con fe a la esperanza de recibir una llamada que le devolviera la paz.
Lamentablemente, la respuesta llegó con la imagen más desgarradora. Mientras una tormenta anegaba el norte de la ciudad, vecinos del sector Residencial Campestre reportaron la presencia de un cuerpo maniatado y con severas huellas de tortura sobre el césped de la calle Alberto Vázquez.
Bajo la lluvia incesante y contra el tiempo, peritos de la Fiscalía realizaron las diligencias. Horas más tarde, en las instalaciones del Servicio Médico Forense, las vestimentas y el tatuaje del brazo izquierdo terminaron por confirmar la peor de las sospechas: se trataba de Álvaro.
Las tragedias de Álvaro Octavio y Julio César reflejan una crisis profunda y persistente en la entidad, 40% de las víctimas de homicidios y desapariciones en Sinaloa son jóvenes que no superan los 29 años de edad.
Culiacán se mantiene como el epicentro de esta dura estadística, donde una generación entera enfrenta la cara más desalmada de la inseguridad.
En redes sociales, los pedidos de auxilio se transformaron rápidamente en palabras de despedida y duelo. "Tu recuerdo vivirá por siempre en cada momento, en cada sonrisa y en cada latido de nuestro corazón. Gracias por todo lo que fuiste, por todo lo que diste y por el amor que dejaste en nuestras vidas. Descansa en paz, tu luz nunca se apagará", compartieron entre lágrimas sus allegados. Hoy, Culiacán vuelve a encender una vela por un joven que solo deseaba vivir.
