La esperanza de una familia se apagó este sábado de la forma más devastadora. La Fiscalía General del Estado de Sinaloa confirmó, mediante análisis genéticos de ADN, que los restos localizados el pasado 24 de julio bajo el puente Juárez corresponden a Julio César el joven de apenas 21 años cuya sonrisa y proyectos quedaron truncados tras desaparecer en la segunda mitad de julio. Sus restos ya fueron entregados a sus seres queridos para que puedan darle el último adiós.
La rutina de Julio reflejaba la de miles de jóvenes con grandes aspiraciones: por las mañanas se sumergía entre planos y maquetas persiguiendo su sueño de ser arquitecto, y por las tardes trabajaba en una cafetería de la colonia Chapultepec de Culiacán para salir adelante.
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La noche del 20 de julio, tras concluir su jornada laboral a las 21:00 horas, abordaría un transporte con rumbo a casa, pero nunca llegó, reportes indican que fue levantado por Sicarios, lo torturaron, ejecutaron y embolsaron.
Durante días marcados por la angustia y el dolor, sus padres y hermanos no cesaron en su búsqueda. Compartieron su fotografía con la firme convicción de reencontrarse con "un excelente hijo, un gran hermano y un joven lleno de vida".
Hoy, Culiacán no solo despide a un futuro profesionista, sino a un hogar destruido por la ausencia de quien solo salió a trabajar pensando en regresar a cenar con los suyos.
Julio tenía toda una vida por delante y un futuro que prometía grandes obras. Su partida deja un vacío irreparable en el corazón de quienes lo amaron y se suma a la dolorosa e incansable exigencia de una sociedad que clama por paz y porque sus jóvenes puedan volver a salvo a casa.

